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Recuerda tus derechos

Los corredores de seguros llevan tiempo denunciando la mala praxis de algunas entidades bancarias que, en determinadas situaciones, han obligado a los consumidores a contratar seguros para acceder a sus servicios financieros. La Ley es muy clara al respecto y prohíbe vincular las operaciones de financiación a la contratación de un seguro. En las excepciones que contempla la propia ley, la entidad financiera debe permitir que el cliente elija con qué empresa quiere contratarlo, sin que por eso empeoren las condiciones del producto o servicio bancario que están ofreciendo.

El consumidor debe ser libre para contratar el seguro que prefiera con la empresa que decida y tiene derecho a contar con la opinión de un profesional que le asesore sin imponerle un producto u otro. Por eso, las organizaciones de todo el sector quieren poner en valor la labor y experiencia del corredor a la hora de aconsejar a los consumidores sobre cuál
es la manera más ventajosa de proceder según sus intereses.

Además del derecho a ser asesorado de forma veraz y eficiente, el consumidor puede anular una póliza de seguros con total libertad o efectuar reclamaciones y quejas ante la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones. En caso de tener dudas, lo mejor es acudir siempre a un profesional.

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Entretenimiento de altos vuelos

Últimamente se han puesto muy de moda los drones, esos robots voladores con cámara y control remoto que hasta hace unos años parecían cosa del futuro. Ahora se están utilizando tanto para uso particular y de entretenimiento como para uso profesional, y de hecho, están siendo de gran ayuda para que la policía y la guardia civil puedan controlar las calles y enviar avisos a la población desde el aire durante estas semanas de confinamiento por el coronavirus.

Además de la labor social puntual que están realizando en estos momentos, cuando todo esto termine, muchas personas querrán seguir utilizándolos, así que hay que recordar que, según la normativa vigente que regula las aeronaves no tripuladas o pilotadas por control remoto, los drones deben contar con un seguro de responsabilidad civil, como establece la Ley sobre Navegación Aérea.

Lo habitual es que estos seguros cubran los daños ocasionados a personas y objetos y los perjuicios económicos derivados de ellos, aunque también pueden incluir la defensa penal y la reclamación de daños, en función de los casos. De todas formas, lo mejor es preguntar a un profesional de la correduría de seguros para que nos aconseje en función de nuestras necesidades. Tanto si es para uso profesional como si se utiliza con fines recreativos, una de las cuestiones que hay que tener en cuenta es el peso del aparato. El Real Decreto 8/2014 establece que si el dron pesa menos de 20 kilos, el límite por siniestro es de 300.000 euros, mientras que si pesa más puede alcanzar los 960.000 euros.

Otros riesgos que podría cubrir un seguro para drones son los daños ocasionados como consecuencia de incendios y explosiones, robos o daños por tentativa de robo, colisiones o caídas de objetos sobre el aparato en cuestión, negligencias y sabotajes en su manipulación o daños durante el transporte.

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¿Cuánto valen mis piernas?

Nadie se extraña de que una empresa asegure sus ordenadores contra robos o su local contra incendios, pero asegurar una parte del cuerpo puede resultar un poco extraño para el ciudadano de a pie. Sin embargo, ¿qué pasa cuando es imprescindible para ganarse la vida? Hay futbolistas, pianistas, bailarinas, cirujanos y cantantes que dependen de sus piernas, de sus manos o de su voz para realizar su actividad profesional, y, en caso de tener un accidente o sufrir un daño, no podrían trabajar. Para ello pueden contratar un seguro que les proteja. La única condición es que las compañías aseguradoras requieren que esa parte del cuerpo sea imprescindible para realizar la actividad profesional a la que se dedican.

Las indemnizaciones varían en función de los ingresos económicos que podría obtener el asegurado durante el tiempo establecido, pero también según la parte del cuerpo que se quiera proteger y el nivel de riesgo al que se expone en su día a día, así como su estado de salud y su edad.
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Cuidar y Asegurar el Medio Ambiente

La gente cada vez está más concienciada con el cuidado del planeta y numerosas asociaciones y activistas, como Greta Thumberg, se esfuerzan por recordarnos que no hay un planeta B. Además de lo que hacemos a nivel individual, las empresas pueden hacer mucho, porque son responsables directas de la mayoría de los residuos que genera la industria.

La Ley 26/2007 de Responsabilidad Medioambiental regula el compromiso y las obligaciones de las empresas con el entorno en el que están situadas y las medidas correctoras que tienen que aplicar en caso de contaminación. Pero a pesar de cumplir con todos los requisitos que marca la Ley, a veces ocurren accidentes o imprevistos y las empresas deben responder por ello.

Lo más recomendable es contratar un seguro de Riesgo Ambiental que cubra los gastos derivados de actividades potencialmente contaminantes, que ocasionen daños a terceros  o al Medio Ambiente. Todas las actividades están sujetas a responsabilidad medioambiental, pero, lógicamente, unas tienen más riesgo que otras, como las industrias que cuentan con depósitos de sustancias combustibles, inflamables o peligrosas, instalaciones donde se pueden generar incendios, grandes almacenes o lugares donde se pueden acumular residuos. No es lo mismo una industria petroquímica que una empresa pirotécnica, ni implica lo mismo un daño por contaminación gradual que un accidente repentino.  Se consideran daños medioambientales la contaminación de suelos, aguas, franja costera y los espacios y hábitats silvestres protegidos, así como incendios de espacios naturales.

El objetivo de estos seguros medioambientales es restaurar el bien dañado y dejarlo en las mismas condiciones que antes del accidente, para que las futuras generaciones puedan disfrutar del entorno igual que lo hicimos nosotros.
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Conseguirte la luna

Uno de los accidentes más habituales cuando se circula en coche es que se rompa o se estropee una luna, con una media de más de medio millón de partes presentados al año. La precaución al volante resulta fundamental, pero no siempre basta, porque hay factores aleatorios que no podemos controlar pero que pueden jugar en nuestra contra. No hace falta tener un golpe grande ni un accidente aparatoso en carretera, basta con que una piedrecita pequeña impacte contra el cristal delantero para que se produzca una grieta que se extienda por todo el parabrisas. Esto supone un riesgo elevado tanto para la visibilidad del conductor como para la seguridad de todos los que viajan en el vehículo, puesto que un cristal agrietado puede romperse en cualquier momento. El cristal delantero es el que más habitualmente se rompe y es un elemento indispensable en la seguridad del vehículo porque soporta parte de la estructura del coche, aporta eficacia al airbag y protege a los pasajeros en caso de accidentes. Es cierto que cambiar el parabrisas delantero o la luneta trasera, y más si es térmica, resulta caro, pero toda precaución es poca cuando se trata de garantizar la seguridad de las personas que viajan a bordo.

Como la rotura de las lunas es algo bastante común, muchos seguros de coche incluyen los desperfectos de los cristales en sus coberturas, pero no todos. Algunas pólizas sólo cubren un par de roturas al año y si por casualidad se producen más, aumentaría la cantidad a pagar en el siguiente cargo del seguro. En cualquier caso y ante cualquier duda, lo mejor es consultar con nuestro corredor de confianza y asegurarnos de estar cubiertos ante cualquier eventualidad.
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No todo es esquiar

Además del esquí y el show, hay otras formas de disfrutar del frío y de la nieve. Desde las raquetas hasta el descenso en trineo, pasando por el patinaje o el hockey sobre hielo, son muchas las opciones para hacer deporte durante el invierno. Sin embargo, nunca está de más ser precavidos y contar con el apoyo de un seguro que nos dé tranquilidad en caso de accidente.
 
Lo primero que hay que tener en cuenta a la hora de contratar una póliza para deportes de invierno es si eres aficionado o profesional. Un aficionado suele practicar de forma puntual, y, por lo tanto, lo más probable es
que necesite un seguro con coberturas sencillas por si tiene alguna caída o choca con algún otro deportista. Un profesional, en cambio, necesitará coberturas más sofisticadas, ya que puede aventurarse por lugares más peligrosos y las consecuencias de un accidente podrían ser más peligrosas. En cualquier caso, el exceso de confianza nunca es bueno y siempre es recomendable dejarse aconsejar por un experto.
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Evita el Game Over de tu consola

Los videojuegos se han convertido en una de las formas de ocio más populares entre jóvenes y ya no tan jóvenes. De hecho, su cifra de negocio supera con creces al de la música y el cine juntos. Vivir grandes aventuras en primera persona, visitar lugares extraordinarios o convertirse en un personaje de fantasía puede ser realidad gracias a las videoconsolas, pero, ¿qué pasa en el mundo real mientras uno juega? Nada puede resultar más frustrante que estar a punto de subir de nivel o acabar de conseguir un logro especialmente difícil y que la técnica falle. Por no hablar de dejar colgados a los compañeros de misión si estás jugando en línea.

Con la emoción del momento, hay quien se despista o pierde los nervios y se le escapa el mando de las manos, tropieza con un cable o tira el vaso que estaba al lado con catastróficas consecuencias. Lamentablemente, no sería la primera vez que una partida acaba antes de tiempo porque el mando ha salido volando y ha impactado contra la televisión. Por eso, cada vez son más los jugadores que quieren asegurar su videoconsola contra riesgos inesperados.

En primer lugar, y ante cualquier duda, lo primero que hay que hacer es acudir a nuestra correduría habitual para comprobar si nuestro seguro de hogar puede cubrir los daños ocasionados por los accidentes de videojuegos o si nos saldría más a cuenta hacernos un seguro específico para videoconsolas. Lo más habitual es que estas pólizas incluyan el seguro por robo, daños por golpes o roturas accidentales y daños por líquidos. Además, puede resultar interesante contemplar alguna cláusula que incluya la reparación del aparato en caso de producirse determinados daños o incluso la sustitución, si los daños fueran irreparables. Lo importante es poder disfrutar de este hobby con tranquilidad y que no aparezca el temido GAME OVER antes de tiempo.

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Circular tranquilos en patinete

Las formas para moverse por la ciudad están cambiando y hoy en día no es raro encontrarnos desde coches, autobuses y motos eléctricas hasta patines, patinetes, bicicletas y otros artilugios rodantes. En el futuro, tal vez lo raro será ver gente andando.
 
Últimamente, son los patinetes eléctricos los que se han puesto más de moda como alternativa de desplazamiento ecológica y rápida, pero como todo vehículo, conlleva sus riesgos y responsabilidades. Aunque no es obligatorio contratar un seguro en la mayoría de los casos, sí es recomendable consultar las opciones con un corredor por lo que pueda pasar. No todos los patinetes eléctricos son iguales y por eso las pólizas tampoco lo son. Hay que tener en cuenta la velocidad máxima que puede alcanzar el vehículo y su peso, porque en algunos casos, el patinete puede equipararse a ciclomotores o motocicletas y entonces sí que sería necesario contratar un seguro.
 
La mayoría de pólizas suelen incluir un seguro de responsabilidad civil en caso de accidente, por si alguien resulta lesionado o por si dañamos algún objeto de la vía pública durante la circulación. Además, sería deseable contemplar un seguro por robo o coberturas médicas en caso de sufrir una caída.
 
Con respecto a la legislación vigente, existe una normativa adaptada de la Unión Europea, pero corresponde a cada municipio exigir que se cumplan determinadas cuestiones como el uso de casco o las zonas por las que puede circular. En Valencia, por ejemplo, el patinete eléctrico se puede usar por carriles bici y vías peatonales (excepto aceras), en Barcelona sólo se permite usarlo en el extrarradio y en Madrid se ha prohibido en vías urbanas, aunque se permite su circulación por carriles bici, parques y jardines.
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La seguridad en el amor también existe

Llega San Valentín. Ese momento del año en el que, de repente, todos nos volvemos románticos. Tras deshojar la margarita, preparamos una cena romántica, unas velas, nos lanzamos y le pedimos matrimonio a nuestra pareja. Nos dice que sí y todo es felicidad hasta que llega el momento de preparar la boda. ¿Qué podría salir mal?
 
Podría ocurrir, y a veces ocurre, que una boda no pueda celebrarse porque uno de los protagonistas o familiares no pueda acudir al evento por enfermedad o accidente o que el tiempo impida la celebración del evento. También puede pasar que se pierdan los anillos, que el fotógrafo no se presente o que ocurra algún imprevisto en el servicio de catering. El amor no tiene precio, pero una boda es un gasto lo bastante importante como para intentar prevenir riesgos indeseados. De hecho, el coste medio actual de una boda en España para 130 invitados está en torno a los 20.000 euros.
 
Las coberturas más habituales son las de cancelación de la ceremonia por motivos de fuerza mayor, como condiciones climatologícas adversas que impidan la celebración de la boda, que falle un proveedor esencial o que uno de los contrayentes no comparezca por causa de accidente o enfermedad grave. Esto puede ampliarse a los familiares más próximos, como los padrinos.
 
La póliza también puede cubrir los daños ocurridos en el vestuario, tanto si son prendas propias como alquiladas, y puede incluir tanto las de los novios como las de sus progenitores. Por supuesto, no hay boda sin anillos, y el seguro puede cubrir los daños o la pérdida accidental de las alianzas, aunque se limita a los días anteriores a la ceremonia y 24 ó 48 horas después de ella.
 
Por supuesto, la cobertura puede incluir a todos los proveedores, desde el fotógrafo, hasta las flores, pasando por el transporte, pero en caso de duda, lo mejor es siempre consultar con un profesional. Y esperar que no nos dejen plantados en el altar.
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Las terribles consecuencias de la gota fría

Todos los otoños están marcados por la bajada de las temperaturas y las lluvias, pero este año la gota fría ha tenido consecuencias devastadoras en numerosas Comunidades Autónomas e incluso ha habido que lamentar pérdidas mortales. En Orihuela, Alicante, cayeron en un solo día más de 200 litros por metro cuadrado y las precipitaciones y las inundaciones provocaron el cierre de más de 80 carreteras en varias provincias del Levante y Andalucía.

Afortunadamente, en España tenemos el Consorcio de Compensación de Seguros (CCS), un organismo especial y único en el mundo, que ofrece cobertura a través de las pólizas que contratamos y brinda cierta tranquilidad ante un contratiempo de esta magnitud. Según sus propios datos, los daños que ha dejado esta gota fría, la peor en 140 años, ascienden a 200 millones de Euros y se estima entre 27.000 y 30.000 el número de asegurados afectados. Por su parte, Asaja calcula que las tormentas han arruinado más de 300.000 hectáreas de cultivos. Las hortalizas, olivares, cítricos y viñedos han sido los cultivos más afectados.

No se puede saber con antelación la virulencia con la que va a descargar una gota fría o cualquier otra catástrofe natural, pero sí podemos tener un seguro a todo riesgo que nos ayude a la hora de reparar los destrozos causados por la furia de los elementos.

Estos seguros pueden cubrir los daños infringidos en vehículos estacionados en el exterior (techos abollados, lunas rotas o desperfectos en el motor) o los deterioros ocurridos en viviendas y propiedades, como cristales rotos, antenas parabólicas caídas, desperfectos ocasionados por el agua en electrodomésticos y muebles, etc. Tampoco podemos olvidarnos de los animales de granja afectados o los cultivos estropeados como consecuencia de las tormentas, las inundaciones o el granizo. Cuanto más amplio sea el seguro que hemos contratado, más quebraderos de cabeza podremos evitar, y para eso lo mejor es recurrir siempre a tu corredor de confianza.