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Sin seguro, no hay caza

La caza se practica en el 80% de la geografía española, una actividad lúdica que movió 3.600 millones de euros en 2017, según los datos de una de las principales
aseguradoras del mercado. Si es un cazador habitual sabrá que no es posible renovar u obtener la licencia de caza sin haber contratado un seguro obligatorio de Responsabilidad Civil (RC), pues se trata de una actividad que entraña riesgos y en la que las imprudencias pueden tener muy graves consecuencias. Las coberturas disponibles en los seguros de cazador son muy amplias, junto a la RC imprescindible se puede incluir la defensa jurídica, seguros de accidentes, protección del perro, cargo de gastos médicos o asistencia sanitaria, de viaje, etc.
 
¿Y qué hay de los acompañantes? Los ojeadores, perreros, etc., si no portan armas no necesitan disponer de seguro; para obtener la licencia solo deberán pasar
un examen psicotécnico que comprobará la visión, el oído, los reflejos y el pulso. Por otro lado, la edad mínima para cazar está en 14 años, siempre y cuando estos menores vayan acompañados de adultos con licencia de armas y cuenten con la autorización de sus padres o tutores.
 
Como todos los seguros, los de cazadores también cuentan con excepciones, además de las peculiaridades en función de la actividad o la normativa de la comunidad autónoma, de ahí que el asesoramiento de un corredor sea clave para no sumar más riesgos a los que ya supone enfrentarse a un jabalí herido o manejar un arma de fuego.
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En cuestión de setas ¡No hay reglas!

Recoger setas, una actividad cada vez más extendida, alberga importantes riesgos, pues algunas especies son tóxicas o incluso letales: solo en el centro de la Península se concentran una treintena de las setas comunes que resultan tóxicas “sí o sí”. Entre las más peligrosas destacan la Amanita phalloides y la Amanita verna, fácilmente confundibles y potencialmente mortales.
 
Según expertos de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH), en España cada año mueren entre 1 y 3 personas por micetismo (envenenamiento por setas); concretamente, desde 2010 han fallecido 13 personas y un número similar ha conseguido evitar la muerte, tras someterse a un trasplante de hígado.
 
El tema es muy serio, como advierten, desde la UAH, expertos en setas venenosas: “la única regla que hay para no intoxicarse con una seta es que ¡no hay
reglas!”. Es decir, no hay ningún truco o regla para saber si es tóxica o no.
 
Además, algunas setas silvestres, aunque comestibles, resultan tóxicas para ciertas personas, porque pueden provocar frecuentes reacciones alérgicas o intolerancia. Hay individuos que con solo tocarlas u olerlas pueden sufrir un cuadro grave de dermatitis alérgica. Y tampoco se deben recoger e ingerir hongos que crezcan en lugares de riesgo como bordes de carretera, áreas industriales, jardines públicos, etc.
 
Si decide lanzarse al campo en busca de hongos silvestres, extreme su precaución. En el caso de presentar, tras su ingestión, síntomas gastrointestinales, náuseas, sudoración…, busque atención médica lo antes posible (es en las primeras horas cuando el tratamiento puede ser más efectivo), y lleve consigo un ejemplar -crudo- de las setas ingeridas, que será de gran ayuda para decidir el tratamiento.
 
Nos quedamos con un consejo fundamental de los expertos: “Ante la duda, siempre evitar la ingestión”.
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El seguro responde al mal tiempo

Los expertos aseguran que el cambio climático incrementará la frecuencia con que se producen fenómenos meteorológicos extraordinarios, lluvias torrenciales, tornados, etc., especialmente por el aumento de la temperatura de los océanos.
 
Recientemente nuestro país ha experimentado una de las peores gotas frías de las últimas décadas, con graves episodios de inundaciones en distintas comunidades autónomas -Islas Baleares, Andalucía Oriental (en especial la provincia de Málaga), Comunidad Valenciana y Cataluña (fundamentalmente la provincia de Tarragona)- en los que ha habido que lamentar irreparables pérdidas humanas, y daños materiales en hogares, locales comerciales, garajes… que sí podrán ser paliados si estaban debidamente asegurados.
 
Pero, ¿cómo cubre el seguro nuestros hogares ante estos sucesos?
 
Por un lado, los daños que causa la lluvia al penetrar por fachadas y cubiertas están garantizados por nuestro seguro de hogar siempre y cuando las precipitaciones caídas superan un umbral que suele fijarse en 40 litros por metro cuadrado y hora. Este es el volumen de agua a partir del cual se considera que un edificio debidamente mantenido podría comenzar a sufrir problemas. Por supuesto, es importante que los daños no se hayan producido por un descuido o negligencia por nuestra parte.
 
En el caso de que se produzcan desbordamientos o riadas e inundaciones catalogadas como “extraordinarias”- seremos indemnizados por el Consorcio de Compensación de Seguros, siempre y cuando la póliza del seguro esté en vigor y la prima se encuentre al corriente de pago.
 
El Consorcio calcula que los sucesos mencionados al inicio de esta noticia supondrán la recepción de más de 16.600 solicitudes de indemnizaciones por valor de 80 millones de euros. Una ingente cantidad de peticiones que sobrecarga a este organismo, por lo que muchos afectados tardarán meses en poder recibir la indemnización.
 
Si en alguna ocasión su hogar o sus bienes se ven afectados, no dude en ponerse en contacto con su corredor de seguros. Le asesorará sobre sus derechos, los siguientes pasos a dar y agilizará la tramitación de la solicitud para que reciba, lo antes posible, una indemnización que pueda compensar los estragos. En momentos como estos es cuando más se demuestra el valor de la labor de acompañamiento y gestión del corredor de seguros.
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Cómo actuar ante un perro agresivo

Vivir con un can comporta muchos beneficios y una gran responsabilidad que hay que saber asumir, pues es fundamental educarlo correctamente para que de adulto sea un perro equilibrado, sociable y obediente.
 
Un perro mal adiestrado, maltratado o cuya agresividad se potencie por sus dueños se convierte en un potencial peligro para las personas, también para aquellas con las que convive. Según los expertos, la agresividad del perro no depende tanto de su raza como del adiestramiento recibido, de hecho, el pastor alemán, no incluido en el listado de razas potencialmente peligrosas, está detrás de la mayor parte de ataques graves que se producen a personas.
 
Y ¿qué podemos hacer cuando nos enfrentamos a un perro agresivo? La regla de oro es mantener la calma. No gritar, ni correr para que no nos vea como una
presa a la que perseguir, y evitar mirarlo fijamente. Si no le mostramos miedo y deja de vernos como una amenaza, lo más probable es que su agresividad vaya descendiendo y pierda interés en nosotros, entonces será el momento de retirarnos de la zona con movimientos suaves.
 
En el caso de que ya nos encontremos directamente con el ataque, lo más aconsejable es interponer algún obstáculo o poner a su alcance algo que llevemos, una bolsa, un jersey o incluso un zapato. El perro se lanzará a morderlo, lo que nos permitirá ganar tiempo para ponernos a salvo.
 
Si la mordedura es inevitable, debemos proteger nuestra cara, garganta y pecho y cerrar los puños. Una vez que lo tengamos “enganchado”, no debemos tirar para que la herida no se desgarre, sino focalizarnos en levantarlo del suelo por las patas traseras o si es posible, rodear su cuello con alguna prenda o cinturón y tirar para que la ausencia de oxígeno le obligue a soltarnos.
 
Ojalá nunca se enfrente a una situación semejante, pero nunca está de más conocer estos consejos de seguridad.
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PYMES más seguras

Tener una empresa supone una verdadera carrera de obstáculos. A las dificultades propias de la actividad se suma la posibilidad de que sucedan otros hechos con los que no contábamos (un robo, una demanda, daños por agua…), por ello, cuando una pyme se enfrenta a un siniestro grave, puede que la diferencia entre verse obligada a cerrar o sobrevivir resida en tener contratado un seguro a medida, que se adecúe al tipo de negocio, el número de empleados, los productos o servicios que ofrece, su solvencia económica, etc. Así lo confirman los datos de una de las principales aseguradoras españolas: “7 de cada 10 pymes desaparecen después de un siniestro si no tienen seguro”.
 
A los riesgos más habituales mencionados, hoy hay que sumar los derivados del uso de la tecnología. Las empresas españolas, y especialmente las pymes, son las que más ciberataques sufren, muy por delante de sus colegas de la UE, por lo que la protección ante este tipo de riesgos debería estar entre sus principales prioridades. Ni las más grandes se libran de sufrir un hackeo de sus sistemas, como le ocurrió a Telefónica en 2017, cuando el ataque de un virus informático afectó a su red interna y a cientos de sus empleados.
 
Aunque se invierta en antivirus, antispyware u otras herramientas de bloqueo, un elemento crítico para garantizar la seguridad de un negocio sigue siendo el propio empleado, que es quien maneja la información y la tecnología y quien, por un error involuntario, puede facilitar que se consume un ciberataque. El Instituto Nacional de Ciberseguridad, INCIBE, ante el desconocimiento que sigue existiendo, ha editado un kit de concienciación para ayudar a las pymes españolas a mejorar en ciberseguridad, con múltiples recursos gráficos e interactivos, entre otras medidas.
 
Evitar que el coste de un siniestro -como consecuencia de un ciberataque u otro tipo de riesgos a los que está expuesto su negocio- le obligue a cerrar, requiere también de la intervención de un experto en seguros. Aquí el corredor se convierte en un aliado imprescindible porque podrá recomendarle las coberturas a contratar en función del momento que viva su empresa.
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Un seguro para los momentos más difíciles

Cuando un ser querido fallece, y especialmente cuando sucede de forma inesperada, sufrimos un choque emocional, quedamos conmocionados y, sin embargo,
desde el primer minuto -no importa lo apenados y confusos que podamos estar- es necesario tomar decisiones y realizar una serie de trámites y gestiones administrativas, que no es posible postergar: desde la obtención del certificado de defunción a la contratación de una empresa funeraria, el tanatorio, el cementerio, la posterior inscripción en el Registro Civil, solicitud de pensión de viudedad, orfandad, cursar la baja de la Seguridad Social, etc.

Por otro lado, hay que considerar que el último acto que llevamos a cabo como ciudadanos -fallecer- conlleva un importante desembolso económico. En torno a 3.500€ es el coste de un sepelio medio, aseguran desde OCU y Panasef (Asociación Nacional de Servicios Funerarios). Se trata de un importe que puede subir considerablemente en función de la localidad, los detalles solicitados para la celebración de la despedida, de si ha habido necesidad de realizar traslados o repatriación desde el extranjero, etc.

Afortunadamente, en estos momentos, sin duda de los más difíciles por los que como familiares o amigos atravesamos en la vida, el seguro de decesos puede ser un apoyo que nos dé cobertura no solo económica, sino moral, al permitirnos dedicarnos a los nuestros y comenzar a asimilar nuestra pérdida en lugar de tener que lidiar con los obligatorios trámites legales.

El de decesos es el seguro más contratado en nuestro país. Según UNESPA, la patronal del seguro, cuenta con más de 22 millones de asegurados, atiende 260.000 enterramientos, es decir, 6 de cada 10 defunciones, de las cuales el 27% requiere el siempre costoso traslado del fallecido hasta el lugar de entierro.

En los últimos años, el seguro de decesos ha sido capaz de innovar para cubrir todo un abanico de necesidades de los asegurados, incluyendo coberturas como el apoyo psicológico para familiares, asistencia jurídica, la tramitación de testamento online, el testamento virtual para borrar el rastro en Internet, accidentes, invalidez e incluso otras tan curiosas como la conservación del ADN.

Contar con una póliza de decesos puede ser una forma de ayudar a los suyos incluso cuando ya no esté con ellos. Si desea asesorarse sobre las fórmulas, coberturas o conveniencia, no dude en acudir a su corredor de seguros de confianza.

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Que nada arruine la cosecha

España es pionera en seguros agrarios y cuenta con un sistema de protección que está considerado como uno de los tres más exitosos, junto a Canadá y Estados Unidos, y con mayor cobertura a nivel mundial. Estos seguros, fruto de la colaboración pública y privada, constituyen un “privilegio” del que no dispone ningún otro sector de nuestra economía.
 
El agricultor español es cada vez más consciente de que una de las mejores formas de administrar su negocio es contar con un seguro de este tipo, especialmente por el cambio climático que experimenta nuestro planeta. Así lo demuestran las cifras récord de contratación en el primer semestre de 2018: 3,63 millones de hectáreas aseguradas, casi un 24% más que en 2017, y el mejor dato en los últimos ocho años, según la Agrupación Española de Entidades de Seguros Agrarios, Agroseguro.
 
Aun así, para la mitad de los profesionales del campo, el seguro sigue siendo el gran olvidado, arriesgándose incluso a arruinarse a consecuencia de las sequías, heladas, inundaciones, pedrisco, incendios y otras adversidades que amenazan el negocio del agricultor.
 
Saber qué asegurar, qué tipos de seguros y modalidades hay disponibles (combinados de daños, de rendimientos, integrales…), qué nivel de cobertura se necesita en función de la zona geográfica y del cultivo, las ayudas disponibles, los plazos para los seguros de otoño o de primavera, etc., son demasiadas variables para las que el agricultor necesita la ayuda de un experto. Para que las sorpresas solo vengan del cielo y no de los seguros, la más sabia decisión del agricultor será contar con el asesoramiento de un corredor que le ayude a reducir al mínimo sus riesgos y los de su cosecha.
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Defensas ¡en forma!

A nadie le apetece cambiar el traje de baño, las comidas en el chiringuito y la libertad de horarios por el despertador y la vuelta al trabajo, sin embargo, y por aquello de ser positivos, volver a una vida ordenada es algo que nuestro organismo, y muy especialmente nuestra flora intestinal, nos agradecerá.
 
La flora o microbiota intestinal, compuesta por miles de millones de microorganismos, principalmente bacterias, que viven en nuestro intestino, influye, y mucho, en nuestra salud. Se encarga de procesar los nutrientes de los alimentos que ingerimos, produce vitaminas, evita que nos colonicen otros microbios patógenos y juega un papel fundamental en la estimulación y activación del sistema inmunológico, nuestra barrera frente a la enfermedad.
 
Y aún más, porque como el microbiólogo, Ignacio López Goñi, explica, “existen indicios de que un ecosistema intestinal debilitado estaría relacionado, además de con problemas del propio intestino, con alergias, inflamación, enfermedades metabólicas como diabetes u obesidad, e incluso con fenómenos de depresión y ansiedad”.
 
Sabemos cuáles son los principales enemigos de nuestra flora intestinal: el estrés (sí, también es perjudicial para esto), los antibióticos y una dieta con abundancia de azúcares refinados y grasas saturadas (bollería, comida procesada en general, y carnes, principalmente).
 
Por el contrario, a nuestra flora bacteriana le sientan muy bien las frutas, las verduras, las legumbres y los cereales integrales, es decir, alimentos que le aporten fibra. También es buena idea incluir en nuestra dieta alimentos fermentados como el yogur, el kéfir, el chucrut o las aceitunas (no pasteurizados), que añadan bacterias beneficiosas a nuestro intestino.
 
Con un estilo de vida activo y estas claves para mantener nuestra flora intestinal en buen estado nos sentiremos más sanos y fortaleceremos nuestra protección frente a las enfermedades.
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Imprescindibles para la montaña

La templada temperatura de septiembre hace de este un mes ideal para lanzarse a la práctica de deportes de montaña. Actividades como el alpinismo, senderismo, escalada, carrera de montaña, etc… se desarrollan en un entorno agreste y de gran belleza; nos conectan a la naturaleza, pero el aislamiento y la dureza de la montaña conllevan riesgos que nos obligan a extremar las precauciones.
 
La mayor parte de los accidentes se deben a fallos humanos, por ello la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada recomienda un código de seguridad con cinco puntos imprescindibles para todos los que se inicien en alguna actividad de montaña: revisar la previsión meteorológica, preparar muy bien el itinerario, equiparse correctamente, conocer los límites de uno mismo y dejar dicho a alguien nuestros planes e itinerario.
 
Por su parte, la Guardia Civil, tras los numerosos accidentes registrados este verano, añade estos consejos: ir acompañado, saber primeros auxilios e incluir siempre en el equipo una linterna, un impermeable, un chaleco reflectante y una manta térmica, aunque esté anunciado buen tiempo y no se piense hacer noche, así como llevar el teléfono móvil con la batería completamente cargada.
 
En función del deporte, el destino o la edad, un seguro de accidentes, de viaje, o una combinación de ambos, se convierten en imprescindibles para ir bien preparados. Por ejemplo, sin seguro, si se perdiera o tuviera un accidente, podría ser necesario un rescate en helicóptero, cuyo coste (3.500 a 5.000 € en España y hasta el doble en el extranjero) tendría que pagar de su propio bolsillo de
considerarse que ha habido imprudencia. También debería estar contemplada la posibilidad de un accidente con las peores consecuencias, porque, como le advertiría su corredor, habitualmente, el seguro de vida no cubre los siniestros ocasionados por la práctica de deportes de riesgo.
 
Aficionado o experto en la materia, nadie está libre de sufrir un accidente. Si está pensando en iniciarse en una actividad de montaña, consulte a su corredor. Aunque inesperado forme parte del espíritu de aventura- sentirse más seguro no le quitará emoción, muy al contrario, contribuirá a disfrutar plenamente de ella.
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El seguro de vida, una inversión de futuro

Tras las vacaciones de verano sentimos que iniciamos un nuevo año, toda una oportunidad para poner el contador a cero e introducir mejoras en nuestra vida. Nos fijamos buenos nuevos propósitos: comer mejor, hacer deporte, aprender un idioma, reciclarnos profesionalmente… También puede ser el mejor momento para preguntarnos si nosotros y los que más queremos estamos protegidos ante el azar en la vida.

Un refrán dice que “el hombre propone y Dios dispone”. Hacemos nuestros planes, pero en ocasiones estos se truncan. Un repentino accidente o una enfermedad grave pueden cambiarlo todo, pero no solo porque se pueda producir el peor desenlace, perder la vida, sino porque pueda derivar en una invalidez que nos impida desarrollar nuestra actividad profesional habitual, de cualquier tipo, o incluso que requiera cuidados especializados.

No podemos evitar ni dulcificar el dolor por la pérdida de un ser querido, pero sí podemos evitar que los problemas económicos sobrevenidos acrecienten aún más la angustia de esos momentos, ya que la vida no se detendrá para el resto del mundo, las facturas seguirán llegando puntualmente y sin los ingresos habituales será más difícil hacer frente a la hipoteca, a los colegios, la universidad o desarrollar cualquier otro proyecto.

De este modo, un seguro de vida que cubra tanto el fallecimiento como la incapacidad se convierte en una inversión de futuro y en una herramienta de previsión y planificación financiera para ayudar a los nuestros -o a nosotros mismos si nos convirtiéramos en dependientes- a continuar viviendo y llevar a cabo los planes trazados.

Sin embargo, contratar un seguro de este tipo, que realmente nos aporte la tranquilidad que buscamos, no es un mero trámite ni consiste en rellenar un cuestionario. Podemos tener circunstancias diferentes, ya sea de trabajo, actividades de ocio, estado de salud, etc…, y no todas las pólizas tienen las mismas coberturas. Se han dado casos en que un accidente de submarinismo o un mero paseo en bicicleta no estaban cubiertos por la póliza, por lo que, para evitar sorpresas desagradables cuando el seguro se hace más necesario, conviene hacer las cosas bien y contar con el asesoramiento de nuestro corredor, el mejor experto en seguros.