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La seguridad en el amor también existe

Llega San Valentín. Ese momento del año en el que, de repente, todos nos volvemos románticos. Tras deshojar la margarita, preparamos una cena romántica, unas velas, nos lanzamos y le pedimos matrimonio a nuestra pareja. Nos dice que sí y todo es felicidad hasta que llega el momento de preparar la boda. ¿Qué podría salir mal?
 
Podría ocurrir, y a veces ocurre, que una boda no pueda celebrarse porque uno de los protagonistas o familiares no pueda acudir al evento por enfermedad o accidente o que el tiempo impida la celebración del evento. También puede pasar que se pierdan los anillos, que el fotógrafo no se presente o que ocurra algún imprevisto en el servicio de catering. El amor no tiene precio, pero una boda es un gasto lo bastante importante como para intentar prevenir riesgos indeseados. De hecho, el coste medio actual de una boda en España para 130 invitados está en torno a los 20.000 euros.
 
Las coberturas más habituales son las de cancelación de la ceremonia por motivos de fuerza mayor, como condiciones climatologícas adversas que impidan la celebración de la boda, que falle un proveedor esencial o que uno de los contrayentes no comparezca por causa de accidente o enfermedad grave. Esto puede ampliarse a los familiares más próximos, como los padrinos.
 
La póliza también puede cubrir los daños ocurridos en el vestuario, tanto si son prendas propias como alquiladas, y puede incluir tanto las de los novios como las de sus progenitores. Por supuesto, no hay boda sin anillos, y el seguro puede cubrir los daños o la pérdida accidental de las alianzas, aunque se limita a los días anteriores a la ceremonia y 24 ó 48 horas después de ella.
 
Por supuesto, la cobertura puede incluir a todos los proveedores, desde el fotógrafo, hasta las flores, pasando por el transporte, pero en caso de duda, lo mejor es siempre consultar con un profesional. Y esperar que no nos dejen plantados en el altar.