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En cuestión de setas ¡No hay reglas!

Recoger setas, una actividad cada vez más extendida, alberga importantes riesgos, pues algunas especies son tóxicas o incluso letales: solo en el centro de la Península se concentran una treintena de las setas comunes que resultan tóxicas “sí o sí”. Entre las más peligrosas destacan la Amanita phalloides y la Amanita verna, fácilmente confundibles y potencialmente mortales.
 
Según expertos de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH), en España cada año mueren entre 1 y 3 personas por micetismo (envenenamiento por setas); concretamente, desde 2010 han fallecido 13 personas y un número similar ha conseguido evitar la muerte, tras someterse a un trasplante de hígado.
 
El tema es muy serio, como advierten, desde la UAH, expertos en setas venenosas: “la única regla que hay para no intoxicarse con una seta es que ¡no hay
reglas!”. Es decir, no hay ningún truco o regla para saber si es tóxica o no.
 
Además, algunas setas silvestres, aunque comestibles, resultan tóxicas para ciertas personas, porque pueden provocar frecuentes reacciones alérgicas o intolerancia. Hay individuos que con solo tocarlas u olerlas pueden sufrir un cuadro grave de dermatitis alérgica. Y tampoco se deben recoger e ingerir hongos que crezcan en lugares de riesgo como bordes de carretera, áreas industriales, jardines públicos, etc.
 
Si decide lanzarse al campo en busca de hongos silvestres, extreme su precaución. En el caso de presentar, tras su ingestión, síntomas gastrointestinales, náuseas, sudoración…, busque atención médica lo antes posible (es en las primeras horas cuando el tratamiento puede ser más efectivo), y lleve consigo un ejemplar -crudo- de las setas ingeridas, que será de gran ayuda para decidir el tratamiento.
 
Nos quedamos con un consejo fundamental de los expertos: “Ante la duda, siempre evitar la ingestión”.