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¿CÓMO AFECTA EL FRÍO A MI VEHÍCULO?

Pese a estar viviendo un invierno inusualmente templado, los meses de enero y
febrero suelen ser los más fríos del año y aquellos en los que debemos prestar
especial consideración a los efectos que las bajas temperaturas pueden ocasionar
a nuestro coche, sobre todo si “duerme” a la intemperie.

Cuando el termómetro desciende hasta temperaturas cercanas a los 0ºC o incluso
por debajo, de manera reiterada, los líquidos como el de frenos, el lubricante y
el refrigerante, pueden congelarse y la batería pierde capacidad para suministrar
corriente (hasta la mitad de su potencia a -10ºC) lo que dificulta el arranque.
Por ello, debemos revisar frecuentemente el estado de estos líquidos, y cuando
realicemos el arranque en frío del coche, es fundamental esperar unos minutos
para que el motor se lubrique bien y alcance la temperatura adecuada (80ºC),
evitando dar acelerones que desgastarán la mecánica del motor, acortando considerablemente su duración.

El frío afecta a la presión de los neumáticos, cuyo buen estado es crucial para una
conducción segura, por lo que es importante que los vigilemos.

Entre las piezas que más sufren, están las gomas, que pierden elasticidad. Para
evitar que se dañen los limpiaparabrisas, basta con colocar un tapón de corcho
entre la goma y el cristal. Igualmente, para resguardar el parabrisas del hielo, puedes
colocar un parasol de aluminio o incluso un cartón, y si hay hielo, debemos
rascar, nunca picar ni echar agua caliente que pueda provocar la fractura de la
luna.

En resumen, lo ideal es dejar el coche resguardado en un lugar cerrado, pero si no
es posible, intentar protegerlo con pequeños trucos y realizar un rápido chequeo
de su estado antes de iniciar cualquier trayecto.